Guías para pacientes - La gripe

La Gripe es una enfermedad infecciosa de las vías respiratorias, causada por el virus Influenza, y, a diferencia de la mayoría de las infecciones virales respiratorias, existe una vacuna preventiva eficaz. Su importancia deriva de su capacidad de propagación y de la presencia de complicaciones en grupos específicos de población, y además, el virus causante de la gripe, tiene la particularidad de que, por mutación, cambia algunas de sus caracteristicas, con lo que la cepa del virus circulante una temporada puede ser diferente al de la temporada anterior. Por ello, la composición de la vacuna debe, cada temporada, corresponder a la cepa circulante: todos los años la Organización Mundial de la Salud, atendiendo a la información recibida de sus Centros de Vigilancia acerca de la cepa circulante del virus, recomienda la composición de la vacuna para esa temporada.

VACUNACIÓN

El principal riesgo de la gripe es la infección bacteriana sobreañadida que puede afectar a algunos pacientes, que por edad, ó estado de salud (debilitamiento, enfermedades crónicas respiratorias, etc.) son más susceptibles: a veces, en esas personas, se puede añadir bronquitis e incluso neumonía. Estas complicaciones hacen que la gripe puede llegar a convertirse en un proceso más grave en esos pacientes, y por ello, la vacuna contra la gripe se recomienda fundamentalmente para las personas pertenecientes a estos grupos de población en riesgo, lo que no impide que cualquier persona que lo desee pueda vacunarse.

Para que la vacuna tenga la mayor eficacia, es preciso tener en cuenta tres cosas importantes: utilizar siempre vacuna correspondiente a la temporada en curso, ya que la composición de la vacuna es distinta cada año; repetir la vacunación todos los años y vacunar en el 4º trimestre de cada año, preferentemente desde finales de septiembre o principios de octubre hasta finales de noviembre.

Los grupos de población en los que se recomienda la vacunación antigripal son: adultos y niños con trastornos crónicos de los sistemas pulmonar y cardiovascular (incluyendo niños con asma); residentes en clínicas y otras instituciones que presten atención a enfermos crónicos de cualquier edad; personas de 65 o más años de edad y adultos y niños con enfermedades metabólicas crónicas (incluida diabetes mellitus), disfunción renal, hemoglobinopatías o inmunosupresión que hayan requerido seguimiento médico regular u hospitalario durante el último año.

También se recomienda la vacunación a aquellos grupos potencialmente capaces de transmitir la gripe a otras personas con riesgo: el personal médico o paramédico que tiene contacto frecuente con personas de grupos con riesgo; familiares y personas que tengan a su cuidado individuos pertenecientes a grupos con riesgo y a aquellos grupos constituidos por personal de servicios públicos de especial importancia social como: policía, bomberos, transportes públicos, etc.

TRATAMIENTO

Es frecuente confundir la gripe con otras patologías menores, como el resfriado común. Los síntomas más característicos de la gripe son la aparición brusca de malestar general, escalofríos, fiebre alta, estornudos, tos, dolor de cabeza, molestias musculares y dolor de garganta. Si no hay complicaciones la recuperación completa se produce entre una y dos semanas.

El tratamiento contra la gripe se basa en tomar ciertas medidas para aliviar los síntomas como: acentuar el reposo, beber agua y zumos en abundancia, tomar antitérmicos (siempre que no tengan contraindicaciones), y extremar las medidas higiénicas habituales como taparse la nariz y la boca al estornudar y/o toser para evitar la transmisión de la enfermedad a las personas que rodean al enfermo.

Es importante destacar, que al ser un proceso vírico, no es eficaz el tratamiento con antibióticos, que además podría favorecer la aparición de resistencias bacterianas. Como norma general, los antibióticos sólo se deberán administrar bajo estricta prescripción médica y en caso de complicaciones, en las personas cuyo estado de salud previo así lo aconseje.